Si has llegado aquí buscando dónde comprar Dragon NaturallySpeaking en español, la respuesta corta es incómoda: la edición española se quedó en la versión 13 y figura como descatalogada en los principales distribuidores. No es que esté agotada. Es que hace años que no existe una versión nueva.
Qué le pasó a Dragon
Dragon NaturallySpeaking fue durante dos décadas el estándar del dictado profesional. Muchos despachos y consultas montaron su forma de trabajar encima de él. Su declive no fue un anuncio sonado, sino una retirada progresiva:
- 2021–2022: Microsoft compra Nuance, la empresa detrás de Dragon, por unos 19.700 millones de dólares.
- 2023: se retira Dragon Home, la gama doméstica y de profesional individual más asequible.
- Mac: la última versión fue Dragon for Mac 6, de 2018. No acompaña a las versiones actuales de macOS.
- Español: la edición en castellano no pasó de Premium 13, un producto de mediados de la década pasada.
Hoy Microsoft concentra la inversión en dos frentes: las líneas sectoriales de Dragon —sobre todo la sanitaria— y el dictado que ya viene dentro de Windows. Para un profesional que escribe en español y quiere una licencia de escritorio, eso deja un hueco que nadie ha ocupado del todo.
Antes de comprar en un revendedor: siguen apareciendo licencias de Dragon 13 en tiendas de terceros y en mercados de segunda mano. Ten en cuenta que hablamos de software congelado hace años, sin actualizaciones ni soporte, y que su activación depende de servidores que el fabricante no está obligado a mantener indefinidamente. Confirma siempre el estado actual del producto y de tu idioma con Nuance o Microsoft antes de pagar.
Qué opciones reales quedan en Windows
1. El dictado de Windows (Win+H)
Está incluido, es gratis y se activa con un atajo. Para una nota rápida o un mensaje corto cumple. El problema aparece en cuanto el texto se alarga: en español tiende a quedarse corto con la puntuación, con los nombres propios y con cualquier término técnico o poco frecuente. Acabas dictando rápido y luego corrigiendo despacio, que es justo lo que venías a evitar. Lo desarrollamos en cómo dictar por voz en Word y por qué se queda corto.
2. El dictado de Microsoft Word
Si tienes Microsoft 365, Word trae su propio dictado y funciona mejor que el del sistema. La limitación es de alcance: vive dentro de Word. En cuanto sales al correo, al navegador, a un PDF o a tu gestor de expedientes, dejas de tenerlo, y buena parte del trabajo de oficina ocurre fuera de Word.
3. Las líneas profesionales de Dragon
Siguen existiendo versiones profesionales y sectoriales, en el entorno de los 700 € de licencia. Son opciones serias, pero conviene entrar con los ojos abiertos: el desarrollo de la gama de escritorio lleva tiempo detenido, el foco del fabricante está en sanidad y la cobertura de español de cada línea concreta hay que confirmarla antes de comprar, no darla por hecha.
4. Aplicaciones de dictado modernas
Es la categoría que ha crecido desde que los modelos de voz por IA se volvieron buenos y ligeros. Funcionan sobre cualquier programa, se pagan por suscripción en lugar de por licencia y, en varios casos, transcriben en el propio ordenador sin mandar el audio a ninguna parte. ablalo está en este grupo, y más abajo explicamos qué mirar para elegir con criterio dentro de él.
Comparativa rápida
| Win+H | Word | Dragon Pro | ablalo | |
|---|---|---|---|---|
| Español actualizado | Sí | Sí | Confirmar | Sí |
| En cualquier programa | Sí | Solo Word | Sí | Sí |
| Puntuación automática | Limitada | Parcial | Sí | Sí |
| Vocabulario propio | No | No | Sí | Sí |
| Audio en tu equipo | No | No | Sí | Sí |
| Coste | Gratis | Con M365 | ~700 € | 16–20 €/mes |
Qué debe tener un sustituto de Dragon
Si vienes de Dragon, ya sabes que un dictado se juzga por cuánto tienes que corregir después. Estos son los seis puntos donde se decide:
Que puntúe solo
Nadie quiere ir diciendo «coma», «punto y aparte», «abrir comillas» durante media hora. Un dictado moderno pone las comas, los puntos y las mayúsculas leyendo el ritmo y el sentido de la frase. Es la diferencia entre un párrafo listo para enviar y un bloque de texto que hay que repasar entero.
Que limpie cómo hablamos de verdad
Al hablar decimos «eh», «o sea», repetimos, nos corregimos a media frase. Un dictado literal te devuelve todo eso tal cual y te toca borrarlo a mano. Lo útil es que quite las muletillas y las repeticiones y te entregue la frase limpia, sin que suene a otra persona.
Que aprenda tu vocabulario
Es donde más se nota el trabajo real. Apellidos poco comunes, siglas, nombres de sociedades, jerga de tu especialidad. Un buen dictado te deja añadir esos términos una vez y no volver a corregirlos nunca. Sin eso, cada documento arrastra los mismos cinco errores.
Que el audio no salga de tu ordenador
Este punto pesa distinto según a qué te dediques. Si dictas una lista de la compra, da igual. Si dictas sobre un cliente, un expediente o un asunto confidencial, no da igual: importa si esa grabación viaja a un servidor ajeno o si se transcribe en tu propia máquina. Conviene mirarlo antes de elegir, no después — en secreto profesional y RGPD al usar IA están las preguntas concretas que hay que hacer.
En ablalo la voz se transcribe en tu propio ordenador: el audio no se sube a ningún servidor. Si activas el modo Asistente, que reescribe y ajusta el texto, viaja únicamente el texto y lo hace a una IA europea alojada en servidores de la UE. Puedes leer el detalle en la política de privacidad de la aplicación.
Que te haga terminar antes
Es la razón por la que se compra un dictado, y conviene ponerle números. Una persona teclea a unas 40 palabras por minuto; hablando llega con holgura a 160. Son cuatro veces más rápido, y esa proporción no depende de lo bien que escribas a máquina: depende de que hablar es lo que llevas haciendo toda la vida.
Traducido a trabajo real: un escrito de 2.000 palabras son unos 50 minutos de teclado, frente a poco más de 12 minutos dictándolo (aquí está la cuenta completa). Y no hablamos de dejarlo listo para presentar —el borrador sigue habiendo que revisarlo—, sino de llegar a ese borrador cuatro veces antes. Repite la operación con las notas del día, los correos y los informes, y el tiempo que recuperas a la semana deja de ser anecdótico.
Por eso importa tanto la puntuación automática y la limpieza de muletillas: si el dictado es rápido pero te deja un texto que hay que repasar palabra por palabra, esa ventaja de 4x se evapora en la corrección. La velocidad real no es la de transcribir, es la de terminar.
Que el precio tenga sentido
Aquí el cambio respecto a la era Dragon es grande. Antes comprabas una licencia de varios cientos de euros de golpe, con el riesgo de que el producto se quedara sin actualizaciones —que es exactamente lo que acabó pasando—. Hoy la mayoría de alternativas van por suscripción de en torno a 15–25 € al mes, lo que cambia la pregunta: ya no es «¿me gastaré 700 € en esto?», sino «¿me ahorra al mes más de lo que cuesta?».
Y esa cuenta suele salir sola. Si tu hora de trabajo vale más que la cuota mensual, con recuperar una sola hora al mes ya está pagado. La mayoría de quien dicta a diario recupera bastante más que eso en la primera semana.
En resumen
Dragon no ha desaparecido, pero en español ha dejado de ser una opción razonable para la mayoría: la edición en castellano está congelada y descatalogada, y las líneas que siguen vivas apuntan a otros sectores y a otro presupuesto. Si venías de ahí, no estás buscando una versión más nueva de lo mismo. Estás buscando algo que puntúe solo, que aprenda tus palabras, que funcione en todos tus programas y que no mande tu voz a ningún sitio.
Esa es exactamente la categoría que ha ocupado el hueco que dejó Dragon.