Hay dos dictados distintos en un ordenador con Windows y mucha gente los confunde: el de Word, que viene con Microsoft 365, y el del sistema, que se abre con Win+H y funciona en cualquier programa. No son lo mismo ni fallan igual.
El dictado de Word, paso a paso
- Abre el documento con la sesión de Microsoft 365 iniciada.
- En la pestaña Inicio, pulsa el botón Dictar (el icono de micrófono, a la derecha de la cinta).
- Despliega la rueda de ajustes del panel que aparece y comprueba que el idioma es español. Es el fallo más habitual: dictar en español con el motor puesto en inglés.
- Habla a ritmo normal. Para parar, vuelve a pulsar el micrófono.
Necesita conexión a internet y suscripción activa: tu voz se procesa en los servidores de Microsoft, no en tu equipo. Es un detalle sin importancia para una carta y con bastante importancia si dictas sobre un cliente o un expediente.
El dictado de Windows (Win+H)
Este va por libre del paquete Office. Pulsas Win+H en cualquier cuadro de texto —el correo, el navegador, un formulario, tu gestor de expedientes— y aparece la barra de dictado. Es gratis y está en todos los Windows 10 y 11 recientes.
La ventaja frente al de Word es evidente: funciona en todas partes. La desventaja es que su precisión en español, sobre todo en textos largos y con vocabulario profesional, se nota por debajo.
Dónde se rompe en español
Los dos dictados integrados sirven perfectamente para una nota rápida, un mensaje o un correo corto. El problema no aparece al dictar: aparece al releer. Y casi siempre por los mismos tres motivos.
1. La puntuación
Es el gran punto débil. O te toca ir cantando los signos —«coma», «punto y aparte», «abrir paréntesis»— con lo que eso rompe el hilo de lo que estás pensando, o te devuelve un párrafo largo casi sin puntuar que hay que trocear a mano. Los dos caminos consumen el tiempo que habías ganado.
2. Los nombres propios
Apellidos poco frecuentes, sociedades, topónimos, siglas. Un dictado que no aprende va a equivocarse siempre en los mismos, documento tras documento. Si trabajas con los mismos veinte nombres cada semana, esa corrección repetida acaba pesando más que cualquier otra cosa.
3. Las muletillas
Al hablar decimos «eh», «o sea», nos repetimos, arrancamos una frase y la reformulamos a mitad. Un dictado literal te lo pone todo tal cual. Lo que quieres es la idea limpia, no la transcripción exacta de tus titubeos.
La cuenta que casi nadie hace: se teclea a unas 40 palabras por minuto y se habla a unas 160. Dictar es cuatro veces más rápido si el texto sale usable. Si sale con la puntuación por hacer y cinco nombres mal, corregir se come la ventaja y acabas tardando lo mismo. Por eso lo que importa no es la velocidad de transcripción, sino cuánto queda por tocar después. Lo desglosamos documento a documento en cuánto tiempo se gana dictando.
Qué hacer si dictas en serio
Si tu uso es ocasional, el dictado de Word o Win+H te va a valer y no necesitas nada más. Si escribes textos largos todos los días —escritos, informes, actas, correos extensos—, lo que necesitas es otra cosa, y se resume en cuatro puntos:
- Que puntúe solo, leyendo el ritmo de la frase, sin que tengas que cantar los signos.
- Que limpie las muletillas y las repeticiones, y te entregue la frase ya escrita, no la transcripción de cómo la dijiste.
- Que aprenda tu vocabulario: añades un apellido o una sigla una vez y no vuelves a corregirlo.
- Que funcione fuera de Word, porque medio día de trabajo transcurre en el correo, el navegador y otros programas.
Y, según a qué te dediques, un quinto: que el audio se transcriba en tu propio equipo en lugar de viajar a un servidor ajeno. Si dictas sobre asuntos confidenciales, esto deja de ser un detalle técnico.
En ablalo la voz se transcribe en tu propio ordenador: el audio no se sube a ningún servidor. Puntúa automáticamente, quita las muletillas, aprende los términos que le añadas y funciona con un único atajo en cualquier programa de Windows y Mac. Si usas el modo Asistente para reescribir o ajustar el tono, viaja solo el texto, a una IA europea en servidores de la UE.
En resumen
El dictado que ya tienes instalado no es malo: es gratis y resuelve el uso ocasional. Lo que no resuelve es el trabajo de volumen en español, porque su cuello de botella no está en entender lo que dices, sino en devolvértelo listo para enviar. Ahí es donde se decide si dictar te ahorra media jornada a la semana o solo te cambia de sitio el trabajo.