Dictar no es hablar en vez de teclear. Es una forma distinta de redactar, con su técnica, y la técnica se aprende en una tarde. Quien la salta abandona a la semana convencido de que «el dictado no sirve para escritos»; quien la aprende no vuelve al teclado para el primer borrador.
Por qué el primer intento sale mal
Cuando escribes a máquina, piensas y editas a la vez sin darte cuenta: retrocedes media línea, cambias una palabra, mueves un párrafo. La escritura y la revisión van mezcladas y no lo notas porque el teclado es lento y te da tiempo a las dos cosas.
Hablando eso no pasa. Vas cuatro veces más rápido —unas 160 palabras por minuto frente a 40 tecleando, la cuenta está en cuánto tiempo se gana dictando— y no hay hueco para editar sobre la marcha. Si empiezas a hablar sin saber qué vas a decir, sale exactamente lo que has pensado: desordenado.
La solución no es dictar más despacio. Es separar las dos fases: primero decides la estructura, después la llenas hablando.
Paso 1. El esqueleto, antes de abrir la boca
Cinco minutos escribiendo el índice del escrito ahorran veinte de reordenar después. Para una demanda, algo así:
- Encabezamiento y designación de las partes
- Hechos: uno la relación contractual, dos el incumplimiento, tres los requerimientos, cuatro los daños
- Fundamentos: jurisdicción y competencia, legitimación, procedimiento, fondo, costas
- Suplico
- Otrosíes
No hace falta redactarlo. Basta con los titulares, tecleados en el documento como marcadores. A partir de ahí, dictar es rellenar huecos, y rellenar huecos es fácil.
Paso 2. Carga el vocabulario del asunto
Este es el paso que más tiempo ahorra y el que todo el mundo se salta. Antes de empezar, añade al diccionario de tu dictado los términos que van a aparecer cien veces:
- Los apellidos de las partes, sobre todo los poco frecuentes
- El nombre exacto de la sociedad, con su forma societaria
- El juzgado y la localidad
- Las siglas del asunto
- Los términos de tu especialidad que no son de uso común
Un minuto ahí evita corregir el mismo apellido cuarenta veces a lo largo del procedimiento. Y no es solo por este escrito: el vocabulario se queda para el siguiente.
En ablalo esto se hace desde el diccionario propio, y hay una parte que no tienes que cargar: más de 30.000 términos jurídicos vienen reconocidos de serie —procesal, mercantil, penal, laboral—, así que litispendencia, allanamiento, Audiencia Provincial o S.L.U. ya salen bien sin que hagas nada.
Paso 3. Los hechos: cuéntalos, no los redactes
Aquí es donde se gana el grueso del tiempo, y el truco es sencillo: dicta los hechos como se los contarías a un compañero que acaba de entrar en el asunto. En orden cronológico, un hecho por bloque, frases cortas.
No intentes que salga con la solemnidad del escrito final. Sale la narración, y la narración es la parte cara de redactar. El registro formal se ajusta después —y en un dictado moderno se ajusta por voz, no a mano—.
Dos reglas prácticas:
- Una idea por frase. Las subordinadas de cuatro niveles se enredan al hablar y se enredan al leer. Si te pierdes dictando, el lector también se va a perder.
- Di las fechas y las cifras despacio y compruébalas luego. Es el punto donde cualquier dictado —y cualquier mecanógrafo— falla más.
Paso 4. Los fundamentos: enunciar, citar, desarrollar
Los fundamentos se dictan bien con un patrón fijo de tres movimientos por bloque:
- Enuncia la tesis. «El contrato es un arrendamiento de servicios y no una relación laboral.»
- Cita el precepto. Nombra el artículo en alto.
- Desarrolla. Por qué el precepto lleva a tu tesis en este caso concreto.
La cita es tradicionalmente el punto donde el dictado se rompe: paras, abres el buscador, localizas el texto, lo copias, vuelves. Cada interrupción te saca del hilo y te cuesta más que los segundos que dura.
En ablalo esta parte no rompe el hilo: nombras el artículo —«artículo 1124 del Código Civil», «artículo 24 de la Constitución Española»— y el texto oficial completo aparece en el documento, literal, sin salir a buscarlo.
Paso 5. El tono, por voz
El error clásico al terminar el borrador es abrirlo y empezar a reescribir a mano lo que suena poco formal. Es tirar por la ventana buena parte de lo ganado.
Con un dictado moderno el ajuste también se hace hablando: pides que un párrafo sea más breve, más formal o más directo y se reescribe. En ablalo, además, puedes tener definidos modos distintos —escrito, correo al cliente, nota de caso, mensaje interno— cada uno con su tono y su formato, y elegir el que toca antes de dictar.
Paso 6. La revisión, que no se negocia
Esto hay que decirlo con todas las letras: el dictado acelera el borrador, no sustituye tu criterio ni tu responsabilidad. Ningún reconocimiento de voz, por bueno que sea, es infalible, y hay errores que un corrector no ve porque el resultado es una palabra perfectamente válida.
Antes de firmar, repasa siempre:
- Cifras y cuantías. Un cero de más no chirría al leer.
- Fechas y plazos. Especialmente los que corren.
- Nombres de las partes. Aunque los hayas cargado en el diccionario.
- Las citas. Que el artículo insertado es el que querías y que dice lo que crees que dice.
- Las negaciones. Un «no» perdido cambia el sentido de un fundamento entero.
Cinco costumbres que marcan la diferencia
Dicta de pie o paseando
Suena a consejo de revista, y sin embargo funciona: la narración fluye mejor cuando no estás encorvado sobre la pantalla. Mucha gente descubre que dicta los hechos mucho mejor de pie que sentada.
Habla bajo y cerca del micro
No hace falta levantar la voz. El reconocimiento moderno funciona a volumen de conversación normal y con el micrófono del portátil; un micro decente ayuda, pero el volumen no.
No dictes la puntuación
Si te has acostumbrado a decir «coma» y «punto y aparte», prueba a no hacerlo y mira el resultado. Con un dictado que puntúa solo, decirla en alto es trabajo de más —y, según la herramienta, hasta contraproducente—.
Ten cuidado con dónde dictas
La objeción del ruido en un despacho compartido es real, pero la importante es otra: si dictas los hechos de un asunto en una sala llena de gente, el problema no es que molestes, es el secreto profesional. Para contenido sensible, sala aparte.
Empieza por lo fácil
No estrenes el dictado con la demanda de la que depende tu semana. Empieza por los correos y por las notas de caso durante unos días. Cuando dictar deje de darte pudor —y deja de dárselo a todo el mundo en unas horas—, pasa a los escritos.
Lo que no vas a poder dictar
Para que la expectativa sea la correcta: el dictado es excelente para narrar, argumentar y capturar. Es malo para el trabajo de precisión carácter a carácter. Tablas, cuadros de liquidación, referencias catastrales, IBAN, cuadros de amortización: eso se teclea. Nadie te quita el teclado, y no hace falta que lo haga.
Un caso aparte: la grabación de la vista. Eso no es dictado, es transcripción, y es otro trabajo. ablalo también la hace, y la hace en tu propio ordenador: el archivo de la vista, de una declaración o de una reunión con el cliente no se sube a ningún servidor. Es la diferencia entre poder transcribir un procedimiento real y tener que renunciar a hacerlo.
En resumen
Estructura primero, vocabulario cargado, hechos narrados como se los contarías a un compañero, fundamentos en tres movimientos, tono ajustado por voz y revisión completa antes de firmar. Con ese método, un escrito que te llevaba una mañana entera se queda en un rato largo, y el tiempo que recuperas no lo recuperas una vez: lo recuperas en cada escrito.